domingo, 8 de junio de 2008

SPRINGFIELD POEMS

Resulta que ayer a la tarde me tocó quedarme solo en casa: una oportunidad inmejorable para ponerme a escribir algo para Robespierre. Pero como soy esencialmente un tipo vueltero, me dediqué a todo menos a eso: arreglé un taparrollo, destapé la rejilla del baño, entré al Olé para especular con el descenso de Racing, y finalmente me tiré en el sillón a ver Los Simpsons. Y como todo tiene que ver con todo, me vino a la mente un poeta poco conocido (como casi todos los poetas). Ese poeta es Máximo Simpson, nuestro Simpson argentino. Porque los argentinos siempre tenemos "un argentino" que nos representa por ahí, como Penny Widmore en Lost (que creo que tiene una tía abuela que vivía en La Paternal), como el gordo Porcel en Carlito’s Way. Somos grosos, cosmopolitas, ubicuos. Qué duda cabe.

Máximo Simpson (al que conozco fragmentariamente por algunos poemas aparecidos en la setentista revista Crisis) nació por acá hacia finales de los años ’20. Se deja leer por ahí que es periodista, investigador y ensayista. Tupac Amaru (1960), Poemas del hotel melancólico (1962) y Hacia dónde tan lejos (1981) son algunos de sus poemarios publicados. A la hora de los laureles, supo hacerse de la Faja de Honor de la SADE y del premio de poesía del Fondo Nacional de las Artes.

Una anécdota algo particular vincula a Simpson con Juan Rulfo. Simpson, que vivió en México en los ’70, había pactado una entrevista con el autor de Pedro Páramo. La entrevista había sido acordada por Rulfo en casa de un tal Fernando Benítez, adonde fueron a comer Máximo Simpson y Federico Vogelius, entonces director ejecutivo de la revista Crisis. Rulfo había pedido a Simpson que prepare las preguntas en un cuestionario, para que él, con tiempo, le devuelva las respuestas por escrito. Así se hizo. Pero parece que en el medio, Rulfo olvidó el asunto. Y Simpson -tímido, respetuoso- no quiso volver a importunarlo. Rulfo nunca entregó las respuestas, pero sí las contestó. Estas quedaron perdidas entre todos los manuscritos que el escritor de Jalisco dejó a su muerte en 1986. Y Simpson pudo conocer las respuestas a sus preguntas casi 25 años después, al verlas publicadas en un boletín de la Fundación Juan Rulfo.

Les dejo un par de poemas entonces. Si les parece, pueden jugar a recitarlos con la voz de Flanders o del Jefe Gorgory. Salud.

mi vecino

Entretuvo a la muerte
jugando al caballero respetable,
al lector de periódicos y edictos,
al guardian de las flores,
pero un día se fue sin avisar a nadie
y se acostó a dormir bajo las piedras.


la casa

Llovía sobre viejos relojes descompuestos,
mi padre el artesano
reparaba el cordaje de los meses,
fabricaba los ejes de la angustia
entre los demorados años
y el desvarío de la casa perdida.

Buscábamos a tientas la hora del almuerzo,
que tal vez estaría
entre el canario muerto y la escalera,
y huíamos del caos por largos corredores.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad que somos grosos. Qué país!!! Cuantos logros!!! Siempre tenemos algún hermano en las grandes ligas. MLC, te olvidaste del que tenemos en la NASA, el que manejaba el joystick del robot que aterrizó en Marte.

saludos

Anónimo dijo...

jajaja!! Es cierto. El que aterrizó el robot en Marte con un joystick era un argento! Es el mismo que inventó el chip para leer cedés truchos con la plei esteiyon.

Daniel dijo...

Petiso puto y amargo! El domingo nos comemos al sabalero y a los elefantes muertos del cementerio!!!!!!
Triste destino de grandeza festejar las desgracias ajenas
Morfi??