domingo, 3 de agosto de 2008

ANARQUIA EN GOTHAM CITY – BATMAN: THE DARK KNIGHT

See, I'm not a monster...I'm just ahead of the curve.

The Joker


La tarde de ayer trajo la fresca, y con ella se potenciaron mis instintos sedentarios. Aferrado como larva al sillón, sin embargo en poco tiempo capitulaba y accedía a los deseos de mi mujer de “sacar un cine”. Sábado a la noche, vacaciones de invierno, Batman…pensé que no se podía. Por suerte me equivoqué.

Sobran los elogios para la nueva del murci; pueden rastrearse en todos los diarios y en todas las páginas que chamuyan sobre cine. Desde Robespierre con Polera me gustaría anotarle un poroto más.

En dos renglones digamos lo básico: que Christopher Nolan confirma y supera lo que ya había hecho como director de Batman begins, que a Christian Bale le queda muy bien el jetra del encapuchado, que Michael Caine es a Alfred lo que Judi Dench es a la “M” de James Bond, que Aaron Eckhart tiene cara de procurador, que a Gary Oldman lo prefiero haciendo de Drácula o de drogón desquiciado en El perfecto asesino. Párrafo aparte para Heath Ledger. Todo el mundo lo dice. De contra nomás uno querría pensar que hay algo morbo atrás. Y claro, un tomuer siempre llama la atención, los muertos siempre fueron excelentes personas, los mejores en lo suyo. Pero el Joker del australiano merece entrada directa al hall of fame, sin presentar credenciales.

En The Dark Knight hay lo que siempre tiene que haber: efectos increíbles, tomas aéreas espectaculares, celulares que hacen lo inimaginable, banqueros corruptos, funcionarios honestos, disyuntivas amorosas, y todo el cotillón necesario para que las dos horas y media pasen como soplido.

Yo leí la película en clave “civilización o barbarie”, y creo que la disfruté desde ahí. Debajo de la capucha de Batman hay un burgués millonario que tiene quizás un sentimiento culposo, entonces trata de portarse bien. En esta esquina…la buena moral. Y se encuentra con que enfrente, de contendiente, tiene un outsider social, un malandra que escapa a las tipologías, un portavoz de la anarquía de los valores. En esta otra esquina…un inmoral…no, un amoral.

Hay -siguiendo a Daniel Link y a Susan Sontag- “imaginación de la catástrofe” en Ciudad Gótica, y el Joker es un primo lejano de Bin Laden a quien no le importa nada: no está aferrado a lo material, lo que lo transforma en un enemigo desconcertante. En un momento genial de la película, prende fuego una montaña de billetes y dice: “No se trata de dinero, se trata de enviar un mensaje…todo arde”. Su maldad no está disparada por la codicia, hay una indisposición ontológica detrás de su accionar. El carapintada -una enciclopedia de psicosis que excedería cualquier “terapia breve” de una “prepaga”- pone sus cartas sobre la mesa: él no tiene “planes”. Planes tienen los policías, los contadores. El se encarga de mostrarle a los “esquemáticos” lo patéticos que son en sus intentos de “controlar” el mundo; él se declara “un agente del caos”.

Y parece que nadie puede nunca terminar de entenderlo. El Joker entiende las causas que llevan a Batman a actuar contra él, pero al capucha parece costarle un poco lo inverso. Batman es bueno, puede indignarse y hacer justicia cuando afanan a una vieja o cuando un perro hace caca en una vereda ajena, pero le cuesta entender aquello que moviliza los actos de su “enemigo”. En su contrapunto con el Joker, el murciélago pareciera quedar siempre pagando.

El Joker no puede morir: es un paria que se encarga de recordarnos que este mundo en el que vivimos es más “normal” -en el sentido de normado- que “natural”, que el malestar en la cultura del que hablaba Freud sigue estando ahí, latente, cerca nuestro, a pesar de cualquier esfuerzo “regulador” por parte las fuerzas del bien.

En una escena (uno de los mejores momentos de la película), colgado cabeza abajo, casi vencido, el Joker le dice a Batman que ambos saben que no pueden eliminarse el uno al otro, que el antagonismo entre ellos está destinado a durar para siempre, ya que son -cada uno- el símbolo de dos mundos irreconciliables: el orden establecido y los ecos lejanos de un caos primordial. Y por las dudas que se nos ocurra pensar que la distancia entre esos mundos es lo suficientemente grande como para seguir sintiéndonos seguros, sentencia: “La locura es como la gravedad. Todo lo que requiere es...un pequeño empujón.

M. le Ch.

2 comentarios:

Daniel dijo...

que lo parió! Susan Sontag, civilizacion o barbarie...?!
Yo me compré un balde de pochoclos y alucinógenos varios y la peli me resultó de rechupete! Disiento con lo del tomuer, me pareció una muy buena actuación más no de esas que allana la entrada al hall of fame.
por lo menos asi lo veo yo!

Anónimo dijo...

Fijate con el fervor que sostengo mis argumentos, ahi va: tenés razón. Pero viste que bien (que snob) suena Susan Sontag mezclada en todo esto? Abrazos...y un "Factor AG" para los pochoclos!