Mientras tanto, en Pink Floyd, ya no estaban Syd Barrett y sus sueños psicodélicos hechos canción, y David Gilmour había tomado las riendas de las guitarras cósmicas, la voz y la composición (estos dos últimos menesteres en sociedad con el pétreo bajista Roger Waters). Completaban el combo los tremendos Nick Mason en batería y Rick Wright en teclados.
“Meddle” arranca con esa aplanadora instrumental que es “One of these days”, continúa con la cuidada melodía de “A pillow of winds”, “Fearless” (rareza 1: en el final, los hooligans del Liverpool cantando el ya famoso himno de amor al club, “You´ll never walk alone”), “San Tropez”, tal vez la canción más pegadiza del disco, y cierran el blues “Seamus” (rareza 2: una parte la canta el pichicho de Waters) y “Echoes”.
Seis hermosas piezas que conforman uno de esos discos que se pueden escuchar una y otra vez en un mismo día (bah, a mí me pasa eso, por ahí Ud. manda STOP en medio del 2º tema porque justo empieza el noticiero de TN, o algún doparti de la Champions, y si es así, Ud. es el que pierde, así que jódase).
Sugerencias para su escucha: tirado en el sillón, preferentemente a oscuras o con poca luz (tratemos de no apolillarnos eh), y sin hacer caso al pedido de “comprá-en-el súper-dale-que-cierra” por parte de su media naranja o los llantos de su niño/niña clamando por el Discovery Kids. O sea: disfrute sin pausa.
E.P.O.
1 comentario:
No existe nada comparable al placer de escuchar un buen CD (original da mas placer aún) en soledad y a media luz (como si tuviese un brandy en la mano y la espalda en el respaldo de un sillón interminable.)Orejudo interpreta claramente estas cuestiones y las expresa con una simplesa extrema.
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