Los días previos a la Navidad y el Año Nuevo suelen estar bastante cargados de imbecilidad, pero creo, definitivamente, que este fin de diciembre de 2007 se lleva el Premio Mayor a la Ceguera General.
No me malinterprete, no soy Satán sentado delante de una compu, ni tampoco el Grinch, ese horrible duende verde y resentido de las montañas que odiaba esta época del año. Lo menos que quiero es menospreciar el espíritu de las Fiestas, puesto que las creencias religiosas hay que respetarlas (teléfono, líderes del mundo!). No, no es eso lo que me lleva a escribir estas líneas. Simplemente quiero enumerar 3 situaciones que repelo como el gato al agua:
1 – Recibir mails de personas que no conozco: la muestra más perfecta de lo cómodo y muchas veces insensato que es mandar un e-mail. Si Ud. se lo propone, puede conseguir hasta la casilla de correo del Dalai Lama y quedar como un gomía con el iluminado anciano de túnica naranja. Por favor…
2 – Que la gente me lleve por delante en la calle ávida por la compra de regalitos, la reserva del lechón para el 24 a la noche o la adquisición del último pasaje en micro que queda disponible para esperar las 12 en el Uritorco con un par de marcianos. Esta última semana he recibido en calle Florida, entre Sarmiento y Corrientes, 5 puteadas por caminar a paso normal, 20 empujones y 35 intentos de pungueo. ¿Pedidos de disculpas? Cerapio.
3 – Los brindis, lunch, cenas, etc: ay ay, que tema éste. Por suerte cada año las mesas que comparto son más pequeñas. Ya dejé atrás grandes atracones con seres que hoy, viendo pa’ trá, no me han dejado absolutamente NADA. El que quiera leer entre líneas, bienvenido. El que se quiera sentir tocado, pues entonces…touché! He decidido en todo este último tiempo tratar de conversar más con la gente que quiero, porque creo que uno de los salvavidas de este mundo que se ahoga en un mar de brutalidad será ese: CONVERSAR.
Y escribir, como les escribo ahora.
Resumiendo, FELIZ 2008 che.
Salute
No me malinterprete, no soy Satán sentado delante de una compu, ni tampoco el Grinch, ese horrible duende verde y resentido de las montañas que odiaba esta época del año. Lo menos que quiero es menospreciar el espíritu de las Fiestas, puesto que las creencias religiosas hay que respetarlas (teléfono, líderes del mundo!). No, no es eso lo que me lleva a escribir estas líneas. Simplemente quiero enumerar 3 situaciones que repelo como el gato al agua:
1 – Recibir mails de personas que no conozco: la muestra más perfecta de lo cómodo y muchas veces insensato que es mandar un e-mail. Si Ud. se lo propone, puede conseguir hasta la casilla de correo del Dalai Lama y quedar como un gomía con el iluminado anciano de túnica naranja. Por favor…
2 – Que la gente me lleve por delante en la calle ávida por la compra de regalitos, la reserva del lechón para el 24 a la noche o la adquisición del último pasaje en micro que queda disponible para esperar las 12 en el Uritorco con un par de marcianos. Esta última semana he recibido en calle Florida, entre Sarmiento y Corrientes, 5 puteadas por caminar a paso normal, 20 empujones y 35 intentos de pungueo. ¿Pedidos de disculpas? Cerapio.
3 – Los brindis, lunch, cenas, etc: ay ay, que tema éste. Por suerte cada año las mesas que comparto son más pequeñas. Ya dejé atrás grandes atracones con seres que hoy, viendo pa’ trá, no me han dejado absolutamente NADA. El que quiera leer entre líneas, bienvenido. El que se quiera sentir tocado, pues entonces…touché! He decidido en todo este último tiempo tratar de conversar más con la gente que quiero, porque creo que uno de los salvavidas de este mundo que se ahoga en un mar de brutalidad será ese: CONVERSAR.
Y escribir, como les escribo ahora.
Resumiendo, FELIZ 2008 che.
Salute
E.P.O.
1 comentario:
Si, señor, eso está muy bien (bah, se dice cuando alguien manifiesta lo que uno piensa, ¿no?) Sobre todo el último punto... ¡la conversación! ¡¿qué haría sin ella?!(interesante la relación entre el punto 3 y el 1... y el lugar comun de comentar que la gente tiene cada vez más medios y menos comunicación real)
El otro día abrí mi correo y ¿saben qué había? cosa extraña ya... un mensaje de correo que alguien había escrito para mí! decía mi nombre y comentaba cosas que yo había dicho en un mensaje anterior. Me emocioné. No era una maldita cadena con una horrenda presentación de power point!
snif. Mis amigos todavía funcionan, aunque sí. Mesas pequeñas. Pero buenas.
Es mi primer comentario en este blog, tuve que visitarlo despues de ver hoy en el subte una "calcamonía" con la dirección... enhorabuena, pasaré a menudo.
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