
NO PARO DE PREGUNTARME CÓMO PASARÁ LAS FIESTAS JOE COCKER. ¿TIRARÁ ROMPEPORTONES? ¿BRINDARÁ CON SIDRA? ¿IRÁ A LO DE UNA TÍA?
¿RARO NO?
Días enteros nos pasamos reflesionando. Tanto, que cuando nos descuidamos se nos había pasado el tiempo de la cosecha y las sandías se nos fueron en vicio. Así que hubo que volver a reflesionar. A la final nos pusimos de acuerdo en que con uno solo que reflesionara bastaba. Elegimos al más cabezón. Le dijimos que tenía que ver de evitar que los hombres se nos empezaran a dormir y también que tenía que ver de evitar que la sandía se nos fuera en vicio cuando nos demorábamos reflesionando. Ahí mismo nomás empezó a reflesionar el Cabezón. Medio cerró los ojos como si lo molestara la resolana y se empezó a tirar despacito la punta de la oreja. Ha de engordar los piojos, la reflesión, porque ahí nomás se le dió por rascarse la cabeza. Y no va que después de un momento dice que viene de reflesionar algo, que era vea lo que sigue: que el tiempo que se la pasara reflesionando había que mandarle algún regalito para mantenerlo más o menos gordo. Que cualquiera podía juntar la cosecha, pero que para reflesionar había que ser cabezón de nacimiento.
Es jueves a la noche. Mi mujer pesquisa con fervor las alacenas en busca de algún vestigio de cacao. Yo ejerzo mi sedentarismo, apostado inerte en un sillón. Me aturden los gritos de “Marce” aullando los puntajes de su concurso de patín. Cambio de canal, de continente, de siglo. Aparece Jean-Paul Sartre hace 40 años: 1967. Lo entrevistan un periodista de la revista “Les temps modernes” y una señora rubia con el pelo recogido que parece lugarteniente de Sigfried, el malo de KAOS en el Agente 86.
El farmacéutico continuó:
Un 17 de agosto de 1960, en el África ecuatorial, Gabón dejaba de ser colonia francesa. En Europa, el conjunto de rock The Silver Beats se rebautizaba como The Beatles y tocaba (todavía sin Ringo y con Pete Best en la batería) en el Indra Club de Hamburgo. En Sudamérica, se estrenaba en los cines de Buenos Aires “Un guapo del ‘900”. Dirigida por Leopoldo Torre Nilsson, la película se basa en la pieza teatral del dramaturgo entrerriano Samuel Eichelbaum, publicada originalmente en 1940. La obra pone en relieve la figura de un compadrito de principios del siglo XX, ubicándolo en el ambiente de caudillos y orilleros de la época. Destacan las actuaciones de sus protagonistas: Alfredo Alcón, para ese entonces un joven de 30 años que encarna al guapo Ecuménico López, Lydia Lamaison, que toma el papel de Doña Natividad (madre de Ecuménico), y Duilio Marzio, que hace las veces de Clemente Ordóñez, el villano adúltero que seduce a la mujer del caudillo Don Alejo (Arturo García Buhr), afrenta ésta que -en pos de salvar el honor de su patrón- el fiel Ecuménico decide vengar. A la película no le sobra nada; quizás allí resida la mayor de sus virtudes: actuaciones ajustadas, una historia simple y lineal que sirve para ilustrar, solapadamente y barroquismos aparte, algunos usos y valores de la época. El guión es maravilloso y bien honrado por quienes lo representan. Allí me detengo, rescatando un fragmento que ilustra el reencuentro entre Ecuménico –convertido en un asesino prófugo- y su madre Natividad.
Los hombres han perdido la costumbre de mirar las estrellas. Incluso, si se examinan sus vidas, se llega a la conclusión de que viven de dos maneras: unos falseando el conocimiento de la verdad y otros aplastando la verdad. El primer grupo está compuesto por artistas, intelectuales. El grupo de los que aplastan la verdad lo forman los comerciantes, indusriales, militares y políticos. ¿Qué es la verdad?, me dirá usted. La Verdad es el Hombre. El Hombre con su cuerpo. Los intelectuales, despreciando el cuerpo, han dicho: busquemos la verdad, y la verdad la llaman a especular sobre abstracciones. Se han escrito libros sobre todas las cosas. Incluso sobre la psicología del que mira volar un mosquito. No se ría, que es así.
Anoche soñé con Bush. Posta. Estábamos los dos sentados frente a una mesa larga, del mismo lado, como disertantes ante un auditorio vacío. Creo que estaba Chavez también, pero se iba. A Cuba, a comer un pancho, no sé. Se iba. Entonces Bush torcía a un lado su silla, para mirarme de frente, y yo hacía lo mismo, para mirarlo a él, y le decía “Che Bush, te estás yendo un poco a la mierda, la gente no te quiere, es feo eso, hacete bueno viejo, hacete bueno”. En inglés se lo decía, porque yo el inglés lo chamuyo de corrido, lo estudié en la cultural.
MAPAMUNDI DE PORCIONES DE MUZZA VERTICALES
Y SOBRAS EN FORMA DE ISLAS