domingo, 2 de marzo de 2008

ENSAYANDO LA VUELTA. LAS RAZONES DE LA CRITICA DE ALBERTO GIORDANO.

La vuelta de las vacaciones es todo un tema. Un tema intrascendente, un tema que no despierta pasiones ni curiosidades en nadie, pero es un tema. En ese tiempo libre hice de todo: cargué con mudo estoicismo la sombrillita al hombro, afirmé mi virilidad eligiendo cada vez el sitio de acampe, me cociné bajo el sol, miré llover desde un balcón, cambié cueritos, padecí los inoportunos achaques mecánicos del auto, y por encima de todo fui feliz compartiendo todos esos días y sus noches con mi mujer. En lo que puede ser relevante comentar acá, nos pusimos al día con algunas películas (como la insufrible y vanamente presuntuosa XXY, la maravillosa y aterradora La habitación del niño, la elemental y brillante La vida de los otros), y nos dimos una vuelta por el teatro para ver Gorda, una obra notable -por lo incómoda, por lo bien actuada, por su patetismo (Puma Goity mediante) hilarante- que tal vez merezca y nunca tenga un comentario aparte. Además, como siempre, me hice de mis huecos para leer: me quedo esta vez con un pequeño librito de Alberto Giordano, Razones de la crítica, un compilado de ensayos sobre literatura, ética y política. Giordano se interesa -en este caso- por Roberto Arlt, por las revistas Literal y Sitio, por El frasquito de Luis Gusmán, por los ensayos dantescos de Borges, por la obra crítica de Adolfo Bioy Casares y por la crítica de la crítica de Beatriz Sarlo. Pero por sobre todo, el hilo conductor que une a sus ensayos es -justamente- un modo de pensar al ensayo mismo como herramienta transformadora y enriquecedora de la literatura. No -por el contrario- como un instrumento capaz de cerrar debates ni de remarcar los valores ya establecidos.

Giordano va delineando a lo largo de sus textos una especie de ética del ensayista, en la que, por ejemplo, la incertidumbre adquiere un valor fundamental. Así lo muestra al estudiar al Borges de los Nueve ensayos dantescos: “La incertidumbre es ambigüedad, pero irreductible: ambigüedad que no quiere ser reducida, tensión que no quiere apaciguarse. […] A la vez que su afirmación cumple una función crítica (cuestiona las certidumbres que se impusieron como evidencias, inquieta la cristalización de las experiencias estéticas en valores culturales), por esa misma afirmación de lo incierto se establecen las condiciones para el goce literario y para el ejercicio de una inusual forma de la inteligencia, la que consiste en la capacidad de formular un problema como tal, sin dar por presupuesta su resolución, extremando su potencia problematizante.

La crítica que nos gustaría practicar -piensa Giordano- es “la crítica que responde afirmativamente a la atracción y los sobresaltos que provocan en nuestra conciencia determinadas obras literarias”. Giordano rescata, por ejemplo, las intervenciones de Literal contra los modos convencionales de ejercer la crítica: “esa gran memoria diurna que homogeniza y encadena todo lo que se pronuncia en la dispersión”.

Giordano reivindica permanentemente el ensayo, en tanto representa (citando aquí la revista Sitio) “una práctica polémica de afirmación de un saber provisional, hipotético, pero siempre desafiante de los discursos -hegemónicos o no- que lo rodean

Tomando conceptos del Bioy ensayista, Giordano observa que contra los discursos críticos manejados por el poder rector de la “impasible teoría”, discursos que “sufren cómodamente, avidos como están de generalidades y certidumbres inobjetables”, discursos que “confirman sin expandir las fronteras del conocimiento”, se ubican aquellos otros que siguen un curso errático (lo que no quiere decir erróneo), discursos de ensayistas que reconocen en los sentimientos “apresurados y conmovidos” que los afectaron en la lectura de un libro las razones para escribir sobre él.

Apresurado y conmovido, quizás también secretamente derrotado, yo vuelvo a ponerme el trajecito “macogüens”, y a pagar la porción de pascualina del mediodía con los “tiquet restorán”.
M. le Ch.

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