Champion corre la carrera, pero en un tramo de la misma misteriosos hombres de negro lo secuestran para quién sabe qué oscuros objetivos, y lo cruzan por mar hasta la ciudad de Belleville. Madame Souza y el simpático Bruno, un pichicho que está con ellos desde cachorrito, viajarán hasta allá y se encontrarán de casualidad con tres divertidas ancianas, trillizas entre sí y viejas glorias del music-hall de la década del '30, hoy lejos del estrellato y con lo justo para comer, quienes ayudarán sin dudar a Madame Souza y Bruno a dar con el paradero del pobre Champion y…y…y bueno che, contar más de esta peli sería tan zonzo como un champagne sin burbujas, así que consíganla como puedan y en el formato que quieran, pero no dejen de verla.
La mano iluminada de los artistas hace que se disfrute en cada escena el encanto del trazo en movimiento, como así también la forma casi “collage” de insertar fotografías y viejas películas reales entre los dibujos, que poco tiene que ver con la parafernalia y el abuso de efectos especiales de ciertas obras de la animación actual.
“Chapeau” pues, para los que hicieron esta maravilla, y recordando la parte donde las Trillizas hacen música con instrumentos tales como un periódico, las bandejas de una vieja heladera y una ruidosa aspiradora, lo rubrico:
El talento se tiene o no, pero no se compra.
E.P.O.
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