El creador de Edward Manos de Tijera dirigió tan sólo dos películas sobre el Caballero Nocturno. Si bien la primera de ellas (Batman, 1990) nos sirve de muestra para ver como un superhéroe, una ciudad y sus villanos, todo ello creación del historietista Bob Kane en la década del ´30, se transforman en nuevos íconos del Planeta Burton (más la actuación del Guasón Jack Nicholson incluida para atraer taquilla), es en esta segunda entrega donde las ideas del amigote de Johnny Depp alcanzan una belleza que traspasa lo imaginable: un niño-pingüino (sublime Danny De Vito) arrojado por sus horrorizados padres al nacer a las heladas cloacas de la ciudad, quien crecerá resentido y sediento de venganza, una triste y solitaria empleada (Michelle Pfeiffer) que sufre los maltratos de su jefe, el magnate Max Shreck (el siempre eficaz Christopher Walken), maltratos que harán nacer en ella una Gatúbela que derrocha, además de violencia, más sexualidad que cualquier tontona conejita que habite la mansión de Hugh Hefner. Y por último, nuestro héroe, bien protagonizado por Michael Keaton (injustamente criticado por ser medio sopeti, pero mejor actor que Val Kilmer seguro), luchando con su triste pasado, su hermético secreto compartido tan solo con el fiel Alfred y el amor, un sentimiento enterrado, casi prohibido, el cual trata siempre de controlar.
Después de Burton otros directores tomaron la posta del personaje: ninguno de esos filmes (y no porque fueran un desastre eh) volvió a generar en mí ese cosquilleo de novedad con el que Batman regresa me conquistó en un ya lejano ´92, ubicado con Pantera, un amigo del alma, en la fila 5 del Atlas Lavalle.
Creo que, si la memoria no me falla, también era un sábado de lluvia…
E.P.O.
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